Martes 11, Septiembre 2007
Sobre la convivencia en las ciudades

En un artículo de un conocido periódico, se hablaba ampliamente sobre el problema de la inmigración, no eran tanto las palabras las que sorprendían, sino las imágenes, donde se podían ver en los típicos pupitres de una escuela, niños de todas las razas. Aquella imagen se grabó en mi pensamiento, como muchas de las que vemos diariamente, y honestamente reconozco que pensé que no íbamos nada bien.
Pero al cabo de los días la frase de un viejo amigo vino en mi ayuda. Él tenia la teoría de que sólo la mezcla de las diferentes razas salvaría nuestra especie. Siempre me había parecido algo frío y científico, como lo era él, pero entendí, que lo que para mi era extraño, porque en mi clase todos éramos igualitos, vestidos de uniforme y donde los rubios de ojos claros éramos los más exóticos. Ahora la diferencia se convertiría en normalidad y ésta en tolerancia. Evidentemente con el beneplácito y el permiso de sus mayores, que deben dejarlos crecer en su nuevo habitat. Y que ellos creciendo juntos con los otros, no se sorprenderían tanto cuando en una casa cualquiera, una de las hijas de ojos azules aparecía de la mano de un chico de color. Y mi madre dejaría de llamar moro, al novio turco de mi hermana.
Además los rasgos se mezclarán, porque enamorarse de un compañero del cole lo hemos hecho todos, y como siempre hace la naturaleza se crearan nuevas y hermosas formas. La caída de ojos no identificará un continente y color de la piel tal vez no nos traslade directamente a un país del tercer mundo. Seguramente Joan tenía razón y mezclarnos hará más rico y tolerante nuestro planeta.
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