Sábado 15, Septiembre 2007
2007 Septiembre 13 SOCIEDAD – BARCELONA

Salgo de las oficinas después de un largo día de trabajo. Me gusta pasar por la fabrica, entre los hierros, y los trastos industriales. Oigo música, está alta para amortiguar el ruido o el vacío de la gran nave. Pero si afino el oído puedo oír además las voces a coro de dos operarios. Cantan el estribillo de una canción pegadiza que suena entre el ruido de las máquinas, se les ve contentos con su mono azul, enfrascados física y mentalmente a una actividad laboral, aparentemente sencilla pero que armoniza cuerpo y mente. Están de pie, de espaldas a lo ajeno, concentración y esfuerzo físico unidos y además una sonrisa. Seguramente no será siempre igual, pero no es la primera vez que capto este tipo de escenas en una fábrica. Entonces caigo en la cuenta que llevo un día de eternos lamentos. En las oficinas desde las ocho de la mañana y ya son casi las ocho de la noche, no han cesado de transitar las quejas. 100 metros cuadrados de mesas, cables y papel donde impera el dolor de cabeza, los constipados de septiembre y las contracturas cervicales. Oyes arrastrar los pies de los compañeros, y los distingues por el ruido de sus suelas contra el pavimento. El desanimo y la enfermedad se extienden frente a las pantallas de los ordenadores mientras alguien se escapa a por un café y mientras la telefonista avisa que va al lavabo, por lo del teléfono que no deja de sonar. Me parece que mañana me desapunto del gimnasio y me visto de azul.
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